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El clásico del nuevo milenio

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El clásico del nuevo milenio

NUEVA YORK.- Ahora que todo parece hermanado por el apellido 2000, Walt Disney ha decidido desempolvar su viejo clásico “Fantasía”, concebido en 1940, para hacerlo renacer en las nuevas formas del milenio.

Anteanoche, en una función especial realizada en el Carnegie Hall de esta ciudad, los herederos del viejo Walt se dieron el gusto. Con todos los avances a su disposición, esta «Fantasía 2000» tiene pocos parentescos con su antecesora. De hecho, apenas conserva al ratón Mickey en su malograda tarea de aprendiz de brujo. Las otras siete piezas, movidas según los ritmos de la música clásica, llevan consigo los genes de la tecnología y los aires heredados de los tiempos modernos. En el Carnegie Hall no cabe un alma más. Por esta noche al menos, los neoyorquinos parecen haber olvidado las compras navideñas que los tiene en las calles desde las 10, y los hace moverse, como marea humana, de una punta a otra de las avenidas principales. Esta noche, puntuales, parecen haber decidido darse un respiro para disfrutar este estreno que también pelearía por heredar el título de clásico.

En todo caso, «Fantasía 2000» tiene con qué dar esa pelea. En principio, a través de esta presentación en el Carnegie Hall, con la Filarmónica de Londres tocando en vivo bajo la batuta de James Levine (el director artístico del Metropolitan Opera House de Nueva York), perfectamente sincronizada con las imágenes que se ven durante noventa minutos en la amplia pantalla.

Para que todo suene tan ajustado a los tiempos de la película que cuelga sobre la cabeza de los músicos, Levine dirige a la Filarmónica frente a una pequeña pantalla que reproduce el film. Allí aparecen los números de descuento cada vez que está por empezar una nueva historia. Y allí encuentra el director esta partitura animada para darle inicio a cada pieza.

Desde 1940, cuando Walt Disney se propuso desafiar a la animación con el reto de contar una historia al ritmo de la música, ha pasado demasiado tiempo. Pero, evidentemente, cuando algo lleva el título de clásico, el paso del tiempo es lo de menos.

En estas ocho piezas, en las que se nota el trazo de la perfección, el viejo ratón Mickey no desentona en los mas mínimo. Y aunque fue sometido a un lifting para pasar el milenio sin los vestigios de las viejas técnicas, su parte en este juego sigue tan vigente como antes. Como la música, que en esta nueva versión sigue siendo tan clásica como la del viejo «Fantasía». De hecho, en el nuevo film conviven Beethoven, Shostakovich, Respighi, Gershwin, Saint-Säens, Dukas, Elgar y Stravinsky.

De todos modos, nadie debería esperar encontrarse con el viejo film perfeccionado. Aquí, excepto por «El aprendiz de brujo», todo es nuevo y moderno. Para abrir la historia, por ejemplo, Disney eligió esta vez la Sinfonía Nº 5 de Beethoven (en lugar de la Nº 6, que inauguraba el viejo film) y una serie de imágenes abstractas que representan la pelea entre el bien y el mal.

Le sigue «Los pinos de Roma», de Ottorino Respighi. Y en este caso el 2000 se hace completamente presente con la animación computarizada tridimensional de una historia de ballenas que hizo emocionarse a más de un niño presente en la sala. Es que, por lo menos al principio, un pequeño ballenato queda prisionero entre toneladas de hielo y sus padres no pueden encontrarse con él.

«Rapsodia en azul», el tercer movimiento de esta película, es sin dudas uno de los más originales. El director artístico, Eric Goldberg, responsable de «Pocahontas» y otros films animados, eligió homenajear al caricaturista Al Hirschfeld. Y a su manera, ambientó esta divertida historia en la Manhattan de la era del jazz, con fracasados, soñadores y perdedores que finalmente pueden, por obra y gracia del azar y de la pluma del dibujante, cumplir sus sueños al ritmo de este clásico que tantas veces eligió Woody Allen para sus propios films.

El contraste es la regla, así que la próxima historia, «El soldado de hojalata», no tiene ninguna comparación con su antecesora. Y tampoco con la que la seguiría. En este caso, la música corresponde al Concierto para piano Nº 2, Allegro, Opus 102, de Shostakovich. Y la historia remite, obviamente, a aquel viejo clásico infantil de Hans Christian Andersen, que cuenta las aventuras y desventuras de un pobre soldadito de hojalata al que le falta una pierna y que, pese a todo, se las ingenia para salvar a la bailarina de la caja musical.

En este caso, también los dibujos parecen antiguos, como salidos de algún viejo cuento para niños. Pero este sabor a pasado tiene una explicación. El director de animación, Hendel Butoy, se inspiró en una serie de bocetos realizados justamente en 1940 por uno de los artistas de la Disney.

El siguiente movimiento es tan desconcertante como la pregunta que guió a su creador. Dicen que a la hora de dibujar los ritmos de «El carnaval de los animales», de Camille Saint-Säens, Eric Goldberg se preguntó: «¿Qué ocurriría si le dieran un yo-yo a un grupo de flamencos?» La respuesta es esta divertida situación entre siete flamencos enredados por la soga de un yo-yo. Parece simple, pero fue la primera que despertó carcajadas en el heterogéneo público que colmó el Carnegie Hall.

La próxima sensación, al menos para los más grandes, fue la del suspiro de los recuerdos. Es que en la pantalla gigante, sobre el escenario, Mickey volvió a repetir la travesura que viene haciendo desde 1940, cuando la mano de Disney quiso transformarlo en «El aprendiz de brujo» y terminó convirtiéndolo no sólo en el primer embrión del film, sino en un clásico de todos los tiempos. En un tono más sepia que el de sus compañeros, Mickey vuelve a inundar la sala del brujo mientras sueña con domar el universo con las artes de la magia.

Pero los tiempos cambian. Y si en 1940 el pato Donald ni siquiera tenía definido su carácter, aquí tendrá su propia historia. Con el ritmo de «Pompa y circunstancia», de Elgar, el pato malhumorado representa aquí la historia del arca de Noé. El será el encargado de reunir a los animales y llevarlos hasta el enorme barco. Pero la historia apunta más bien al desencuentro con su novia, a la que cree muerta en el temporal.

Sin ninguna relación, la siguiente pieza, la «Suite del Pájaro de Fuego», de Igor Stravinsky, es la encargada de cerrar el film. En este caso se trata de la historia del espíritu de la naturaleza que despierta gracias al aliento de un alce de los bosques. La dama, experta en el arte de reparar el frío del invierno y convertir la nieve en primavera, debe enfrentarse de improviso con la furia de un volcán que la deja casi muerta, convertida en ceniza. Otra vez el alce es el que intenta revivirla. Y ella, con una lágrima, irá devolviéndole a la naturaleza el color y la temperatura que se merece.

La rueda ya comenzó a girar. Walt Disney volvió a apostar por un clásico. Y aunque esta «Fantasía 2000» tendrá que pelear con su antecesora (que llegó a vender 21 millones de copias de video), lleva consigo los genes de la nueva generación. Que pertenecerá más al 2000 que al siglo que termina.

Por Verónica Bonacchi Enviada especial

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Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/el-clasico-del-nuevo-milenio-nid165678/

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