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Cuando hay que afilar el lápiz, el software libre sale al rescate

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Cuando hay que afilar el lápiz, el software libre sale al rescate












Iban a ser tiempos duros, por la pandemia y el parate económico, y lo están siendo. En estos últimos meses, muchas personas debieron cambiar de equipo, se quedaron sin Windows o descubrieron con horror que no, Windows no viene con Office; y con el dólar en las nubes, el valor de casi cualquier programa, que hace un tiempo eran caros, pero accesibles, hoy se volvieron impagables.


















































Las apps móviles, salvo alguna excepción, son muy económicas o gratis. ¿Pero cuánto cuesta un Windows 10? Entre 9000 y 20.000 pesos, redondeando. El Office más básico, para una computadora y para una persona (reitero: una computadora y una persona) está en 8200 pesos. La versión profesional, 37.500. Las aplicaciones de Adobe, todas ellas más 100 GB de almacenamiento en la nube, cuestan algo mas de 2000 pesos por mes. Es decir, 24.000 al año. Office también tiene versión online con almacenamiento en la nube; el básico tiene un precio de 307 pesos por mes, sin impuestos.





El nuevo Flight Simulator -que es una joyita, hay que decirlo- está en 5500 pesos, pero eso es sin contar el hardware, que también se fue a la estratósfera. Una placa de video compatible con estos nuevos juegos parte de los 30.000 pesos. Lo mismo unos mandos decentes como para que la inversión de esos 5500 pesos valga la pena.
































En total, con el peso en el subsuelo y un horizonte de vacas flacas, hay que plantearse seriamente opciones para los programas comerciales. Sobre todo en el ámbito del profesional independiente y de las pymes.























Pero cambiar de software no es sencillo y lo primero es analizar qué hacemos con la computadora, para poder evaluar en qué casos podemos mudarnos a software gratis o libre (o ambos). Una de las buenas noticias es que muchas cosas hoy se hacen con el navegador. Desde Netflix hasta el correo electrónico, Spotify, WhatsApp o el almacenamiento en la nube, todo eso se puede hacer hoy con un navegador, y todos son gratis.



Sin licencia




Ahora, la opción de la que nadie habla: los programas truchos, pirateados, crackeados, llámenlos como más les guste. Si me lo preguntan, cuando algo tiene un precio, lo pago. Si no lo puedo pagar, me la aguanto. Mala suerte. Hay cosas peores.























Pero el software sin licencia original tiene un problema de orden práctico. Hace poco me escribió un lector para preguntarme qué programa le recomendaba para limpiar Windows, porque el suyo estaba andando muy lento. Le respondí lo que siempre respondo: ninguno. Windows no necesita que lo «limpien». Este Windows 10 que tengo acá, y que ha venido actualizándose desde (si no recuerdo mal) un Windows 7, anda perfectamente bien. Hago de todo, pruebo de todo, y nunca necesito «limpiar el Registro» o cosas así. ¿Por qué? Primero, porque es la versión final que Microsoft sacó al mercado, no alguna preliminar y repleta de errores. Segundo, porque tiene todas las actualizaciones al día.














En cambio, un sistema con errores (son 50 millones de líneas de código, siempre van a aparecer fallas, sobre todo en las versiones preliminares) y sin las cientos de actualizaciones que se han publicado desde su lanzamiento, tarde o temprano colapsa, por errores propios o por ataques informáticos. Si se le suman programas en las mismas condiciones, el caldo de cultivo está preparado.





Propenso a fallas y cada día más vulnerable. Francamente, no le veo la conveniencia al software sin licencia original. Sobre todo, cuando hay opciones de costo cero. En mi caso, hace casi 20 años que escribo todas mis notas (más dos libros) con LibreOffice (antes, OpenOffice); participo de un podcast sobre vinos que grabo y edito con Audacity; organizo y edito imágenes con XnView y Gimp, y podría seguir un rato largo. ¿Acaso no uso software comercial? Sí, claro. Pero es poco y es original; por ejemplo, el secuenciador y varios instrumentos musicales virtuales que vinieron con mi Yamaha MX-61. Pero tienen sus bemoles y en alguna próxima columna hablaré de una ventaja clave del software libre de la que nunca se habla, tal vez por pudor.














Pero hoy vamos a los papeles. Primero, el sistema operativo.



Tómalo o déjalo




Las notebooks siempre vienen con un Windows original. No te olvides de eso; lo pagaste al comprar el equipo. Si la llevás al service, que sea el oficial de la marca. De ese modo, te asegurás de que va a volver con el Windows que pagaste, no con algo crackeado.














Pero tu notebook podría tener un Windows que ya caducó y que no permite actualizar a la nueva versión sin pagar, y tenemos que apretarnos el cinturón. La opción ahí es Ubuntu. Es decir, una de las distribuciones de Linux (la más popular, dicho sea de paso). Ya sé, Linux tiene tan mala fama que, en general, cuando alguien me pregunta qué opciones gratis hay para Windows, me aclara: «Pero que no sea Linux». Y bueno, en ese caso, no sé. ¿Escribir tu propio sistema operativo?





Ni la industria ni los reguladores estatales se ocuparon de evitar que un insumo clave (como el sistema operativo para computadoras, nada menos) quedara en manos de una sola compañía. La única que nos dio una opción fue la comunidad del software libre. De no ser por ellos, solo habría tres opciones: software sin licencia (pésima idea), Mac OS X y Windows. La Mac más económica anda en 200.000 pesos, y su sistema operativo no sirve para una PC. Así que, si hay que afilar el lápiz, solo queda una alternativa: Linux, en alguna de sus muchas variantes.





De los Linux, el que resulta más fácil de instalar y usar es Ubuntu (o alguna de sus descendientes, como Lubuntu, Mint o MATE, del argentino Germán Perugorría, entre otras). La última versión es la 20.04 y eso significa que tendrá soporte (léase, actualizaciones) durante cinco años; después de eso, solo vas a tener que actualizar a la siguiente versión con soporte de largo plazo, pero en ningún momento vas a tener que pagar (aunque siempre se puede donar, por supuesto). Ubuntu viene con Firefox, LibreOffice y Thunderbird, entre varias otras cosas; sí, hay versión de Chrome para Linux, por si estás habituado a ese navegador. Así que, al revés que con Windows, no hay que salir a comprar el paquete de oficina después de haber pagado un montón de dinero (un montón para nosotros en la Argentina, reitero) por el sistema operativo. Estás trabajando de una, sin más trámite. Y es gratis. Pero siempre hay un pero.





Por supuesto, LibreOffice es muy compatible con los documentos de texto del Office de Microsoft, pero no puedo decir lo mismo de las presentaciones y las planillas. Ahí, con un poco de empeño, vas a tener que adaptar los documentos que ya tenés y aprender (diría, volver a aprender) la interfaz; no es el fin del mundo. También es menos potente en efectos especiales. Lógico. LibreOffice es una ONG, no una multinacional valuada en 1,7 billones de dólares. Así que nuestros programas son austeros; pero son libres, gratis y hacen su trabajo a la perfección. Y en lo que va desde último subtítulo hasta acá ya te ahorraste casi 20.000 pesos.





La otra pregunta que me hacen a menudo es: «Pero ese Ubuntu es igual que Windows?» El tono es en general de profunda desconfianza, porque siempre cuesta salir de lo conocido. La respuesta breve es que no, no es igual. Pero mientras no necesites configurar muy a fondo el sistema en sí, no te va a hacer falta meterte ahí donde Linux es más complicado que Windows. Esta turbulencia se compensa por el hecho de que un Ubuntu es más fácil de instalar que Windows, simplemente porque no hay que registrar, autorizar, activar y todo eso. Lo instalás y en media hora estás haciendo tu trabajo de todos los días.





De hecho, la versión 20.04 ya tiene acuerdos con Dell, HP y Lenovo para integrarse igual que Windows a sus equipos (es decir, desde el arranque). Lógico. Si bien todavía Linux no hace pie en el hogar, se lo usa cada vez más en compañías y gobiernos, donde el dinero se cuida y se vigila (en el primer caso) o siempre falta (en el segundo, donde además pesan las razones estratégicas). Con el negocio de la PC alicaído, las compañías saben que su nuevo filón no está en empresas y gobiernos; a todo esto, el hogar, ahora, se ha convertido en la oficina de la nueva normalidad.





Después, en cuanto al uso diario, las diferencias con Windows son pocas. En un par de días aprendiste donde está el equivalente de Mis Documentos, los discos duros, las aplicaciones, el pendrive que acabás de conectar y demás. He visto a una persona que conozco muy bien y que sufre de una fuerte alergia por cualquier cosa que no sea Windows adaptarse en medio día a Ubuntu. Cada tanto, es cierto, se extravía en alguna calle oscura de Linux y tengo que darle una mano. Pero la misma respuesta podría encontrarla en segundos en la web; un excelente sitio es, por ejemplo, AskUbuntu. Pero hay docenas. También blogs con trucos, reseñas y así. Muchos, y muy buenos, en español.





Pero hay algo más, que en estas penurias es clave. Linux consume menos recursos que Windows, lo mismo que sus aplicaciones. Por eso, también vas a ahorrarte una cantidad sustancial de dinero al no verte obligado a cambiar de hardware. Ojalá fuera diferente. Me encanta el hardware de última generación, y los vendedores de tecnología también la están pasando mal. Pero estamos en una emergencia.





¿Pero en serio sirve en el día a día? Aquí, en casa, hay una sola máquina con Windows, y eso es básicamente porque no uso consola de videojuegos y un título que me encanta solo corre en Windows (SpaceEngine). Antes de que lo pregunten, no, los juegos en general no andan bien en entornos como Wine ni tampoco en máquinas virtuales (aunque hay excepciones). No obstante, hay títulos excelentes para Linux, como Civilization VI.





Pero incluso en mi único Windows, casi no hay software que haya debido pagar, y lo que sigue es una breve lista de los programas que uso en mi trabajo cotidiano y que o son gratis o son gratis y de software libre. Si tienen alguna necesidad especial, es cuestión de buscar en la tienda de software que ahora incorpora Ubuntu o en la web.





Suite de oficina:LibreOffice





Edición de audio: Audacity





Máquinas virtuales:VirtualBox





Encriptación de archivos y de discos completos:VeraCrypt





Organizador y editor simple de imágenes:XnView





Edición profesional de imágenes:Gimp





Ilustración vectorial: Inkscape





Desktop publishing:Scribus





Reproducción de películas, video, audio, música:





Varias aplicaciones para edición de video: https://www.lanacion.com.ar/2360053





Varios programas para recuperar espacio de disco:https://www.lanacion.com.ar/2394848





Y la lista podría seguir, pero quería atender una de las preguntas que más me hacen respecto de este sistema: ¿va a funcionar mi hardware con Linux? La respuesta simple es que en general sí, y sobre todo si es algo vintage. He visto muy pocas cosas que no andaban con Linux, pero en general eran de nicho. Por ejemplo, un pendrive con encriptación incorporada que se resistía desde el hardware a cualquier clase de formato (lo que es comprensible). Algunas veces se pone caprichoso con Bluetooth, pero es difícil saber ahí quién es el responsable, si el sistema operativo o el dispositivo.





En cuanto a lo demás, una máquina con Linux se va a conectar con Wi-Fi exactamente igual que cualquier otra, el sistema va a ver tu teléfono, cuando lo conectes por USB, igual que Windows, y vas a poder usar Dropbox, Google Drive y su suite de oficina, el One Drive de Microsoft, oír música (hay versión de Spotify para Linux), usar discos externos, cámaras, impresoras, escáneres y así. No es mala idea, no obstante, hacer un listado del hardware y asegurarse de que el sistema le da soporte. Pasa con las nuevas versiones de Windows, pasa con Linux. Y con Linux me ha pasado muchísimo menos que con Windows.





Ahora bien, ¿existen casos en los que no hay ninguna otra opción más que la de invertir en Windows? Sí, claro. Pero cada vez menos, y muy poco en el terreno de la productividad, que es para lo que más estamos usando las computadoras personales hoy. En total, vengo usando software libre desde hace casi un cuarto de siglo, primero que nada porque es libre. Pero el dinero que he invertido en software es mínima (un Windows, Falcon 4, Painter y alguna cosita más), y lo amorticé hace mucho. Eso, cuando hay que economizar, no es para nada trivial.









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Fuente: https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/cuando-hay-afilar-lapiz-software-libre-sale-nid2440627

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